Nos separamos del grupo y del sendero principal. Ella y yo de improviso nos perdimos al parecer con intención. A sabiendas inventamos un camino equivocado, con la ilusión de llegar a alguna cueva o terminar en el barranco del cucú. Resolvimos cruzar el arrollo, y con los pies descalzos nos dejamos arrastrar en su torrente. Nuestros torzos se marcaban como un bronce entre las telas empapadas practicando movimientos con indicios de pudor. Entre risas nos mirábamos y nos tratábamos levantar pero el caudal empecinado nos volvía a transportar en su deriva. Esperábamos ansiosos la llegada del gran salto, que los dos fingiamos no recordar. Los kilómetros transcurrieron, entre remolinos de piedra y agua, entre golpes, roces, miradas, mordidas, cabezazos y manoteos, sin mayor oposición. El deseo desfiguraba la sonrisa de nuestros labios cuando nuestros cuerpos se golpeaban entre sí. Conseguí en un esfuerzo morder alguna parte de tu muslo, al azotar con tu pierna mi rostro en los guijarros y sentí tu mano hecha caricia que frotabas por mi espalda cuando aquel tronco nos arrazó. Inmediatamente emergímos, satisfechos, sonrientes y anhelando ser aplastados en un nuevo impacto. Al llegar la catarata mi plan era el abrazo profetizando vértigo. Ella haría lo mismo que yo. No nos soltaríamos durante todo el trayecto, que era de casi 80 metros de caída total. Nos acercábamos al momento. Al golpear contra una roca los dos nos catapultamos. El uno contra el otro. La caída comenzaba en nuestros cuerpos encontrados. El estruendo del rujido no cesaba de exitar, similar a los latidos de nuestros corazones apretados ya en el aire interminable. Numerosas volteretas, anudados nuestros cuerpos en un grito simulado. Procuraba concentrarme. A pesar de no soltarnos, en momentos te perdí. Con los labios te busqué hasta dar contigo. Nuestros ojos pestañaban bombardeados por las gotas resagadas. Imposible resultaba respirar. Sentí tu lengua muy fugaz durante un giro. Intenté reconstruir la posición, pero el viaje terminaba. Nuevamente los guijarros y un enorme torbellino selectivo, nos separó. Más allá, como si nada, en el agua ya serena, te encontré. Las sonrisas reanudamos. Empezaba a oscurecer. Tu camisa mangas cortas se hizo hilachas y yo, de la mía, perdí solo un botón. Los deseos desbordaban su caudal y así, fuera del agua decidimos caminar. Las primeras estrellas aumentaron la pasión. La esperanza florecía. El cálido valle sin luna ofrecía otra oportunidad. De repente un gran silencio nuestras bocas enmudecía. El campamento y nuestro grupo apareció.
(En enlace se abrirá en una ventana emergente)

JOLÍN, mira que aparecer en el momento más oportuno.....
chico, tenías que a ver aprovechado mientras estabaís en el agua.
Las fotos son geniales, y con el relato me has llevado a lugar y un tiempo mágico.
ABRAZOS
las fotos son robadas.
un beso
JAAAAAAAJAJAJAAJA YO VOY POR LOS BLOGS DE MIS AMIGOS ROBANDO FOTOS, A VECES CUELGAS POST PARA AVE FX PARA QUE LAS COJA DIRECTAMENTE JAAAAAAAAAAAJAJAJ
BESOS SABOR A VAINILLA
Perdón, es CUELGAN
Tendremos que hacer un club también de eso.
Beso de algas marinas, en el hombro, claro.