Hoy pensaba dejar aquí algo que ya tenía escrito pero me apeteció antes escribir un pequeño bosquejo, para luego desarrollar la historia completa de algunas ideas que me circulaban por la cabeza y no me dejaban concentrar. No eran grandes ideas por lo que debía a cada rato dedicarles bastante tiempo. No eran auto suficientes ni desarrolladas, eran traviesas glotonas y a menudo entre ellas se peleaban. Como gatos hambrientos me perseguían cuando por un instante conseguía por fin liberarme de ellas. Con amor las trataba, eso si, porque era yo su único guardián. Sin mi morirían y la parte más pequeña de mí, la de escritor recién nacido, también.